Tuesday, March 11, 2014

Respighi’s Sinfonia Drammatica: A neglected piece from a war never to forget





(Spanish version follows)

It is 1914. Political tensions are at rise all over Europe. In June, the assassination of Prince Franz Ferdinand, heir of the Austrian crown, by a Serbian nationalist, was to be the spark that started a four year long inferno that killed over 10 Million people, destroyed several Empires and damaged European economic, political and cultural hegemony forever. It is in that context that Ottorino Respighi (1879-1936) wrote what it would become his only symphony, the Sinfonia Drammatica. Written through 1914 and premiered next year in January; this symphony is a mirror of the time it was composed, since Respighi’s home country, Italy, did not enter the war until May 1915. As a consequence, the growing anguish and fears of the Italian people are somehow reflected through its music. 

The scope of the symphony is gargantual: It is scored for a large orchestra in the guise of contemporary composers such as Mahler, Strauss and Debussy, including triple woodwind (plus an E flat clarinet), six horns, triple brass, tuba, timpani, percussion, harp, a large body of strings and organ, whose only pedals are used in the finale. The work is organized in three movements, each of them lasting around 20 minutes, as an ordinary late Romantic symphony. It is written in the key of B-flat minor, which has been long considered dark, somber and ominous. While the musical features and effects might sound Teutonic, the rhythmic syncopations and gestures grant the music a distinctive Italian flavor, and prophesy the features of the music that in the future, made Respighi’s name. The symphony starts (Allegro energico 0:00) with hard sounding timpani beats against the orchestra enouncing the main motive, which is further developed by the oboe and retaken by the whole orchestra. This theme is further developed in episodes full of anguish, despair and desolation, most of them coming to spotlight thanks to the use of brass. In the end, the main theme comes triumphantly (in B-flat major) announced by the horns and woodwind, followed the whole orchestra into the movement’s climax, just to subside quietly in the low strings, accompanied once more by ominous timpani strikes. The second movement (Andante sostenuto, in G-flat major 25:05) begins with a thunderous statement from coming from brass and strings which downplays gradually to the oboe, instrument that remains in charge of developing the main features of this section. Feelings of despair come and go out this movement, replaced by some sort of reflective calm, mostly showcased by strings and especially woodwind. Anxiety returns within the first bars of the third movement (Allegro impetuoso, in F minor, 42:20), this time more urgent and decisive and recalling a tarantella in F minor, followed by an impending call to arms, to action. This is reinforced by a heroic fanfare pronounced by brass instruments altogether, followed by a maelstrom of dissonance. The battle mood subsides eventually leading to a calm interlude, filled with mixed feelings, even some sense of humor represented by the xylophone, clarinets and glissandos in strings, yet the anguished mood promptly returns on brass, as well as the main theme of the first movement, now with a sense of tragedy. This leads once more to the battle fanfares, this time more defying and heroic, as if they were the last stand of an era of ideals, meeting as the last time, a dissonant maelstrom.  A less humoristic, more anguished an uncertain interlude follows, as well as the outcome of the symphony: a Mahlerian funeral march (in the tonic), a premonition of the sad and dramatic end of the European age. Respighi uses percussive instruments and the organ pedals to heighten the sense of loss, giving the march a slow pace, as if music would carry an extremely heavy coffin, that one of the European empires, that one of European romanticism, that one of European idealism. In the end World War I came to be a sad war, with more losers than winners.

Today, Respighi’s only symphony might be seen as a legacy of and a farewell to a bygone era. The document is then of a highly historical importance, since the spiritual and philosophical questions (and answers) prove to be true to its age and time period. Its unfortunate fate in the repertoire lies not on its rhapsodic structure or lack of innovative issues, but most likely in the earliness of its conception. Italy was just on the brink of war on the eve of 1915, so an anguished piece with a desolate and traumatic ending was not to be welcomed. Italy endured also heavy losses during the conflict but ended relatively triumphant in 1918. The coming of the fascist regime and the subsequent fame of Respighi’s Roman Trilogy left this work relatively forgotten. It is not until very recently that it has enjoyed a revived interest on it, interest that should be fostered by the centennial commemorations of World War I.

Sebastian Rodriguez Mayen


La Sinfonía “Drammatica” de Respighi: Una obra olvidada de una guerra para nunca olvidar

Es 1914. Las tensiones políticas están en auge por toda Europa. En junio, un nacionalista serbio mata al príncipe Francisco Fernando, heredero al trono austriaco. Con este asesinato, Europa se sumiría en una larga pesadilla de cuatro años, cuyo saldo fue 10 millones de muertes, el colapso de varios imperios y el fin de la hegemonía político-económica y cultural del Viejo Continente en el mundo. Es en este contexto que Ottorino Respighi (1879-1936) compuso su lo que sería su única sinfonía, la Sinfonia Drammatica. Escrita durante 1914 y estrenada en enero del año siguiente, la obra es un vivo reflejo de su tiempo, ya que sería hasta mayo de 1915, que Italia entraría a la 1ª Guerra Mundial. Como resultado, los miedos y angustias de los italianos se ven plasmados en el carácter dramático de la música.

La visión del compositor es más que expansiva: Respighi utiliza una gran orquesta, similar a aquella de sus contemporáneos Mahler, Strauss y Debussy, la cual incluye alientos triples (más un clarinete en Mi bemol), seis cornos, metales triples, tuba, timbales, percusión, harpa, un gran número de cuerdas y órgano, cuyos pedales solamente son usados en el movimiento final. La pieza se divide en tres movimientos, de 20 minutos cada uno aproximadamente, como cualquier sinfonía del romanticismo tardío y está escrita en la clave de si bemol menor, una tonalidad considerada desde siempre sombría, oscura y ominosa y, mientras las características musicales y efectistas de la obra son de naturaleza teutónica, los síncopes y otras gestos rítmicos le dan a la música un acento típicamente italiano. Así mismo, el uso de los recursos orquestales vaticina las obras futuras que le dieron fama a este compositor. La sinfonía comienza (Allegro energico 0:00) con el sonido de los timbales en contraposición a la orquesta, quien anuncia el tema principal. A su vez el tema es retomado y desarrollado por un oboe quien a su vez pasa el motivo al resto de la orquesta. El tema de este movimiento se desarrolla durante los siguientes episodios llenos de angustia, desesperación y desolación, casi todos introducidos por un excelente uso de los metales. Hacia el final, el tema principal regresa anunciado por los cornos y los alientos, seguido por toda la orquesta hacia el clímax del movimiento, el cual gradualmente se esfuma por las cuerdas graves y es acompañado una vez más por el ominoso retumbar de los timbales. El segundo movimiento (Andante sostenuto, en sol bemol mayor 25:05) comienza de nuevo con una estridente afirmación de las cuerdas y los metales que disminuye una vez más para que el oboe desarrolle una vez más la melodía, pero correspondiente a este movimiento. La desesperación y la angustia entran y salen de esta parte de la sinfonía. En cambio, son sentimientos de calma y de reflexión los cuales predominan este movimiento, notablemente ejecutados por los alientos y las cuerdas. La ansiedad regresa con el tercer movimiento (Allegro impetuoso, en fa menor 42:20), esta vez con una especie de tarantela, llena de urgencia y decisión, la cual es seguida por un llamado a las armas, a la acción, reforzado por una fanfarria heroica en los metales que termina estrellándose en un remolino disonante. El tema de batalla se esfuma conllevando a un interludio bastante calmado, el cual está lleno de sentimientos encontrados, incluso algo de sentido del humor marcado por el xilófono, el clarinete y cuerdas en glissando. Sin embargo, la angustia regresa junto con el tema del primer movimiento, esta vez lleno de un sentimiento trágico. Las fanfarrias de guerra suenan una vez más, mucho más desafiantes, como si se tratase de la última defensa de una era ideal, sin embargo, una vez más estas colapsan ante la disonancia. Cuando la batalla se disipa, el interludio “calmo” regresa, pero lleno de angustia e incertidumbre, sólo para dar paso al final de la sinfonía: una enorme marcha fúnebre mahleriana (en la tonalidad original), una suerte de premonición del triste y dramático final de la era Europea. Respighi utiliza las percusiones y los pedales del órgano para enfatizar el sentimiento de pérdida, haciendo que la marcha ralentice cada vez más, como si la música cargara un pesadísimo ataúd: el ataúd de los imperios, del romanticismo y del idealismo de la era Industrial Europea. El compositor no se equivocó, a final de cuentas la 1ª Guerra Mundial acabó siendo una guerra triste que dejó muchos más perdedores que ganadores.

Hoy en día, la única sinfonía de Respighi puede ser considerada al mismo tiempo un legado y un adiós a una era ya desaparecida. El documento cobra entonces una enorme importancia histórica, ya que las preguntas (y respuestas) filosóficas y espirituales que la música plantea corresponden a la época en que fue escrita. Su terrible destino lejos del repertorio quizás no está en su estructura casi rapsódica o su aparente falta de innovaciones musicales, sino más bien en el momento de su creación. En 1915, Italia se encontraba a punto de entrar en la Guerra. Una sinfonía tan angustiada y cuyo final solo prometía desolación e incertidumbre difícilmente sería bienvenida. Durante la guerra, los italianos sufrieron grandes pérdidas y sin embargo, resultaron relativamente victoriosos al final de ésta en Noviembre de 1918. Posteriormente, el advenimiento del régimen fascista de Mussolini y la subsecuente fama de la Trilogía Romana de Respighi dejaron esta obra en el olvido. No es hasta muy recientemente que ha habido un sincero interés en conocer esta obra, el cual debería ser animado aún más por las conmemoraciones del centenario de la 1ª Guerra Mundial.

Sebastián Rodríguez Mayén

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